DIES IRAE. EL DIA DE LAS LÁGRIMAS
Es el título de una
novela del ruso Andreiev que hago mía como portal de este artículo.
aflige la melancolía y
las estrofas de esta secuencia litúrgica resuenan en mi memoria.
Muchas veces salió de
mis labios cuando ayudaba en los entierros y portaba la cruz y los ciriales
delante del cura chiquito (parva humanidad), aquel capellán coadjutor de la
parroquia de Sta. Eulalia Segovia que hacía solitarios en la sacristía y fumaba
unos cigarros que eran más grandes que él.
Había que revestirlo
de los ornamentos más pequeños. La capa pluvial la arrastraba hasta los pies
como un peplo o la capa magna del señor obispo.
Se sabía muchos refranes,
experto en chistes y nos contaba cosas de la guerra porque había sido capellán
de un regimiento de Artillería y en el Ebro y en Brunete vio morir a muchos
soldaditos por Dios y por España después de administrarles los sacramentos.
Libera
me Domine de norte aeterna cantaba el cura chiquito con su
hermosa voz de barítono dirigiendo el cortejo de jun sepelio detrás la carroza fúnebre
de caballos negros. Los entierros en aquel entonces eran multitudinarios.
La ciudad paraba sus
pulsos para ver pasar el entierro.
Las campanas de las
parroquias dando el clamor y las múltiples torres de Segovia parecían de luto.
Lloraban por sus arcos
milenarios los ojos del acueducto. Y siempre la gran pregunta de la muerte
consuetudinaria. ¿Qué hay después? La respuesta la daba el prefacio de difuntos
cantado en clave de sol poel preste:
─Vita mutatur non
tollitur. La vida no se arrebata, cambia en la espera de la resurrección.
Lo que quiere decir
que coloca al hombre en otra dimensión.
Sin embargo, nadie
vino a decírnoslo. Es un secreto de nuestra fe católica. Deudos y familiares se
arremolinan cerca del féretro junto a la sepultura abierta para dar a la tierra
lo que era suyo.
─Que en el cielo lo
veamos─ murmuraba en voz baja alguna
vieja.
Seguían quebrando el
silencio del camposanto las estrofas de aquel poeta medieval que escribe su
composición en medio de los rigores de la Peste Negra.
─Lacrimosa dies irae. Qué diré al justo juez quién
será mi valedor en el Día de las Lágrimas.
Sin embargo esta tétrica
composición se cierra con un rayo de esperanza:
─Oh piadoso y dulce
Señor Jesús dales descanso eterno
domingo, 1 de
noviembre de 2026
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