miércoles, 17 de noviembre de 2021

 CARTA A DON ARTURO Y ARTE RAMIRESNE EN SEGOVIA

CARTA A DON ARTURO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 CARTA AL CURA DE SOTO AL QUE MALTRATÓ SU OBISPO

 

Villafranca del Castillo a jueves, 7 de junio de 2001 (19:31 h.)

 

 

 

Amigo don Arturo:

 

Tengo el gusto de enviarle las fotos del domingo de palmas. Fue un día muy bonito. Espero que sean de su agrado y que se haya restablecido de sus achaques.

 

En otro orden de cosas, sintiendo una gran curiosidad por el Camino de Santiago, de hecho, estoy escribiendo algo sobre el tema, al que daría cima si Dios me da salud este verano, en mis pesquisas encontré un texto del profesor Camón Aznar que me ha entusiasmado. Es uno de los pocos goces que les están reservados al investigador.

 

Me tomo la licencia de remitirles lo que pienso yo acerca de esta novelita corta del querido Camón EN LA CÁRCEL DEL ESPÍRITU.

 

El protagonista acaba sus días en el lazareto de ese lugar tan entrañable también para mí.

 

Sería mi deseo que las generaciones venideras supieran de la historia tal y conforme era en el alto medievo. Esta obra de Camón debería estarse en los anaqueles de la Biblioteca.

 

Yo me encargaría de agenciársela. No creo que valga más de dos mil pesetas.

 

Así que si Dios quiere cuando vaya por ahí hablaremos.

 

Pero si le vaga y tiene ocasión de leer esta glosa en que yo explico hermenéutica mente el sentido de las cosas dentro del espíritu del siglo undécimo dígame qué le parece. Este libro jacobeo al que me hace falta dar la última mano aborda la cuestión casi desde el punto de vista del profesor Camón.

 

Ya tengo ganas de volver al Rellayo y bajar a misa a Soto. He vuelto a engordar. La batalla con el tejido adiposo la doy por perdida pero mientras vayamos tirando... Queden Vd.con Dios. Me impresionó un detalle que me contó Miguel Ángel sobre su antecesor, el cual sólo sabía decir en latín la Misa de Beata, y celebraba todos los días del año con el introito del "Salve Sancta Parens" como el clérigo de Berceo. ¡Qué primor!

 

Con afecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


ARTE RAMIRENSE EN TIERRA SEGOVIA

 

La iglesia de san Gregorio en Fuentesoto de Fuentidueña apud Sacramenia está en un alcor. Surge a medida que el viajero se acerca como una aparición cabalgando un somo de laderas pardas donde destaca el lomo de algunas bodegas inhumadas taladrando el perfil del monte. Es la que decíamos del Ara Vieja. Tierras de pan llevar. También buen vino cosechero. Zona de castillos y monasterios aprovechando que por esta demarcación fronteriza la orografía ofrecía refugios naturales, en valles recónditos con cuevas en las vertientes. Hubo una Tebaida. Los cenobios diseminados por las estribaciones del macizo de Somosierra atrajeron a muchos orantes y clérigos que venían huyendo de la persecución sarracena cuando la caída de Toledo. Los eremitorios andando el tiempo serían la base de los fundos cistercienses de carácter militar contra aceifas y algaradas por sorpresa en muchas partes.

 

Hay una serie de rasgos que hacen sospechar de la influencia del prerrománico astur concretamente en este templo de san Gregorio in excelsis, todo un resabio en piedra del antiquísimo culto miguelino de raigambre bizantina. Nos recuerda en cierta forma a San Miguel de Lillo. La traza es cuadrada y rectangular el testero que refuerzan contrafuertes y sillares a hueso. Tiene toda esa solidez áulica y esbeltez con que definía Menéndez Pidal al Arte Ovetense: alma grande y cuerpo chico.

 

Se pueden rastrear asimismo reminiscencia de esta factura o atavismo en el arte de construir templos en algunos antiquísimas iglesias de Siria y Armenia donde se aprecia la solidez de sus firmes junto a la gracia recoleta. El rito y la liturgia eran similares, calco del bizantino con resabios ambrosianos, las misas cantadas a base de trotarios con un canon esmaltado de invocaciones en griego y en latín, y epiclesis o llamamiento trinitario sobre las especies "en conmemoración de la Cena, más que consagración efectiva, por neta influencia de los monofisismo arriano, tan extendido entre las cristiandades visigóticas hasta Leovigildo.

 

Sin embargo, los diseñadores tenían problemas a la hora de voltear las bóvedas y no encuentran el camino de las techumbres de cañón a base de arcos perpiaños. Eso vendría con el románico. Así que muchos techos se desploman por la impericia de los constructores.

 

El de la nave central y la tribuna del antiguo templo parroquias de Fuentesoto, hoy transformado en camposanto y sus farallones remanentes aprovechados para nichos y enterramientos, cayó, o puede que la iglesia se quedara a medio hacer a causa de una de las habituales correrías de Almanzor, como demuestran las adarajas en el arranque del ala del presbiterio. O hubo un derrumbe o los albañiles tuvieron que liar los bártulos porque los moros venían zumbando.

 

No así la parte del cabecero que exhibe su ojiva adosada a la espadaña. Quedan adherencias y desconchados en el techo de algunas pinturas al temple. Las iglesias asturianas estuvieron adornadas con murales policromos que las hacían rutilantes y acogedoras casas de oración. Al lado del evangelio se abre el tiro de una escalera de caracol con los peldaños muy gastados -impresionante detalle- por la que se trepaba hasta la torre. Más de ocho siglos subiendo y bajando por este vano de exiguas proporciones para tocar las campanas determinaron los horadados de la escalinata cuyos tranquillos gastados por las pisadas ofrecen una superficie alabeada, comba de los siglos. Asimismo, lo exiguo del vano hace suponer que nuestros antepasados tenían inferior envergadura que los mozos de hoy puesto que no había hecho acto de presencia la "generación del yogur". Es una constante que se detecta en todas las excavaciones arqueológicas el porte inferior del español medieval con respecto al de nuestros días. Claro que con su descomunal fémur el esqueleto gigantesco de Sancho el Fuerte de Navarra, hombre de estatura aventajada que pudo sobrepasar a lo que mide hoy un pívot de baloncesto, es excepción que confirma esta regla.

 

Parece ser que el monumento fue arrasado por los soldados Murat en una expedición de castigo contra este lugar que había dado cobijo a Juan Martín el Empecinado. Sin embargo, el torreón campanero quedó indemne y señero desafiando a los cierzos y ventiscas y las lluvias de los siglos. Nos observa desde la cumbre con los ojos vacíos, como cuévanos por donde se asoma todo el cielo de estos riscos, de sus ventanas sin campanas ya.

 

La traza cuadrada y los contrafuertes adosados al muro cimienta la sospecha de su filiación asturiana en esta tierra de frontera, antemural de contención a la presión agarena desde el sur antes de la aparición de Castilla como tal, la de Ferrán González, y con suerte alterna los territorios enmarcados en los arribes del Duero pagaban pechas al rey de León o al califa. Las tornas cambiaban sin interrupción en ese batallar constante en una guerra sin cuartel de sangre y suelo; por las vegas, por las casas, por las dehesas, por las obradas, por los rebaños y hasta por las mujeres como demuestra el ignominioso tributo de las Cien Doncellas. Esta feroz pugna étnica se está repitiendo en Kosovo donde asistimos a los episodios sangrientos de un Reconquista al revés. Es ahora a los cristianos a los que les toca la peor parte y humillar la cerviz ante las presiones de la Media Luna. Los intrusos arriban en oleadas sin que en apariencia exista una mano de contención ni un poder que tapone la sangría hacia dentro que pueden desembocar en verdadera hemorragia social en no tardando mucho. Antes bien, en los medios de difusión pública, debe de ser una antigua táctica bélica que dice que antes de asentar el golpe definitivo al enemigo hay que machacarlo con la propaganda, parece existir una cierta fruición narrativa a la hora de anunciar el goteo que no cesa. Estos juegan fuerte por lo que se ve. Van a por uvas como se dice en argot taurino.

 

Con tales estratagemas en curso lo que se ha conseguido es retraer Europa a un ambiente que desconocía hace muchos siglos, y que sea verdad aquella frase del Mariscal Göering que cuando escuchaba la palabra cultura se llevaba la mano al cinto. Si sustituimos la cultura por la religión que al fin y al cabo son una misma cosa veremos cómo nos cuadran las cuentas.

 

Yo he visto tirar de pipa a judíos y a mahometanos, escupir y chillar presas de histeria al escuchar hablar de Jesucristo. Mientras los palestinos de Arafat llaman a la yihad las huestes del nuevo Josué israelí, Ariel Sharon, parecen definitivamente a punto de embarcar a un revival del espíritu de las Cruzadas en versión judía por recuperar la tierra prometida.

 

España fue otrora también una suerte de paraíso de las tres religiones, cada una de ellas pugnando por dominarla. Es el mensaje que proclaman las ruinas exaltadas de la torre de san Gregorio. Nunca hubo un verdadero clima de conllevancia entre los tres credos y sería una utopía pensar que hoy cuando reverdecen con más fuerza los postulados, reivindicaciones, nostalgias y hasta un alarmante instinto de desquite al que da pábulo un misterioso y oscuro aliento de discordia, más allá de los comodines de libertad, democracia y carácter etno-centrífugo de composición alóctona, un producto que algunos sectores nos tratan de vender a toda prisa y que aducen como un hecho consumado. Esto hará que pronto o tarde la marmita entre en ebullición.

 

 

 

X

 

San Gregorio, iglesia-fortaleza en la cúspide, baluarte templario, refleja el anhelo de defensa de una comunidad asediada. Preside la cima de un páramo donde empiezan a escalonarse las tierras altas de la Pedriza que sirvieron de base a los campamentos romanos (hay tres toponimias castreñas: Castro de Fuentidueña, Castro Gimeno, Castro Sarracín)

 

Es justo pues alargar la memoria hacia el pasado y añorar con nostalgia aquella batalla de Clavijo en la que el buen rey asturiano Ramiro I exoneró a las cristiandades de la Península Ibérica de la afrentosa gabela de las cien vírgenes. Era un voto a la lujuria y a la salacidad de los monarcas nazaríes. La efigie de Santiago cerró los cielos y España estampándose entre las nubes a lomo de un caballo blanco. Desde entonces el busto y el perfil del Matamoros hoy tan minusvalorada y arrinconada fue elemento de cohesión nacional pertenecen al patrimonio de la historia sagrada de España a la que escupe, escarnece y pisotea el enemigo [la muletilla que corean hoy los globales con su furia y retorcimiento de mente de siempre es "dónde está vuestro nacionalismo, bien por Cataluña, por Vascongadas, por Galicia, pero ¿ Castilla, dónde te me has ido?"; y replican: "a echar la partida al bar de los viejos"], nos la tienen en el Lithostros, nos la llevan presa su imagen coronada de espinas con una caña por cetro y una manto de púrpura que se echaba a las espaldas de los ajusticiados y de los locos, antes de ser nuestra nación crucificada. Sus verdugos no hacen otra cosa que echar espumarajos por la boca. Su baba nos salpica desde hace cinco siglos.

 

Ahora a Ariel Sharon, otro matamoros, nadie se atreve a pararle los pies. Parece un fantasma fugado del sacomano de Clavijo en versión sionista, claro está, sin que persona le llame al orden. Antes bien la opinión internacional chicolea sus incursiones en territorio palestino y hasta lo bailan el agua lo que demuestra que este tipo de zarabandas interconfesionales se ganan alimentando la cadena de agravios y de venganzas, importa dar pábulo al fuego sacro.

 

Sin embargo, eso es harina de otro costal. Aquí lo que importa decir es que en el 875 en Clavijo empezó a liberarnos de las garras del infiel, por más que muchos historiadores, aun los más sesudos y circunspectos hayan tratado de ponerlo en duda.

 

Todos estos valles cerrados de Castilla la Vieja cruzando el Duero testimonian aquel empeño de los monarcas de León y de Oviedo por impulsar la tarea reconstrucción de zonas devastadas. La tierra se llenó de torrecillas sagradas luciendo la cruz griega como escudo y pararrayos de clemencia sobre la cofia que desafía a todas las intemperies, adarga que arponea las brisas, cruz en lo alto, cruz de hierro. El tañido del bronce volvió a convocar a las gentes huidas a las montañas. Sus ecos perduran en los cuencos vacíos de los campanarios desmelenados tocando a arrebato desde su silencio impresionante. Para que los héroes de la estirpe resuciten y vayan a misa. Las ruinas de San Gregorio son un símbolo que se alza en la raya de demarcación de ambas Castillas, aunque en puridad Tierra Segovia cruzaba la sierra y se adentraba a las avanzadas de la ladera de mediodía. Navalcarnero, Navafría y el Escorial caían dentro de la jurisdicción del obispo de Segovia.

 

Hasta aquí llegaban las mesnadas. Los pendones flamearon sobre estos cerros, ara y guarnición al mismo tiempo, muro de contención contra las invasiones por el sur. Las huestes astur-leonesas de Alfonso III el Magno clavaron las estacas de sus campamentos, los vientos de sus tiendas, tramontando el cauce del Duero, para sujetar al moro que presionaba desde el sur. En la vieja España avezada durante nueve siglos a escuchar el toque de rebato la suspicacia hacia todo lo que suene a benimerines o almohade la llevamos metida hasta los tuétanos. Claro que los demiurgos del cacicato globalización, secundada por un sector importante del alto clero durante más de diez lustros casi se han dedicado a una labor de zapa intelectual, paciente e inteligentemente llevada, con el deseo de aniquilar - ellos dicen inculturizar como si se tratase de una especie de inoculación del virus anticristiano- de la mente de los europeos esa noción de frontera en la defensa de los valores eternos.

 

Aquí ya digo andamos un poco curados de espanto y con la mosca en la oreja porque la convocatoria de la yihad "Alá es grande" y "arrasa Arabia" se ha escuchado ya unas cuantas veces por lo que todas esas mohatras de la sociedad multiétnica, apátrida, "tolerante", va a ser una ley del embudo que beneficiará en detrimento de la catolicidad a los epígonos de Mahoma y de Moisés. La sinagoga trata de vendernos la burra vieja, desempolvando a Voltaire, y a los enciclopédicos, para proponernos un esquema de futuro pintado de color de rosa, basado en una sociedad laica, confesionalmente neutra, étnicamente amorfa, sin lábaros, sin procesiones, sin píxides ni campanas, pero con llamadas a la oración por el almuédano desde el púlpito de la mezquita, y calabazadas del rabino contra los sillares del templo y dejando encargos y notas a Dios en forma de cartitas.

 

Aquellos rudos mesnaderos del Cid mozárabe fueron un faro de fe y un ejemplo a seguir en estos tiempos en cuarto menguante, tan descreídos. Por todos los rincones resuena la carcajada estentórea del rival. Mediante loores, engaños, chantajes - y yo lo digo en una novela con una frase del caló de los gúrus de la ciudadela del dinero donde se cuecen las ollas de todos los pucherazos, los bizarros lances de la porno-política, la compra de votos y de conciencia " I´ll buy you out"- el enemigo se ha colado intramuros y ya no hay quien lo eche. Son hechos consumados. No cabe paso atrás, argumentan.

 

-Pues ahora sí que estamos apañaos. Tanto rosario iluminado y tanta Virgen y ahora lo que se comprueba era que el enemigo pretendía era eso: el coladero de la marcha verde.

 

-Sí. Nos están solmenando de firme.

 

-Ya llegaron y han pasao.

 

-Nos devuelven visita

 

-Otro Guadalete.

 

Ante este tipo de diálogos de la gente corriente que se escuchan ahora mismo en el interior de muchas conciencias de españoles honrados o con la boca pequeña, uno no puede menos de acordarse del ovante caballo blanco del Apóstol, ese que vemos alzarse a la empinada en lo alto de un retablo de la catedral de Logroño y con el suplicatorio especial del que era objeto por parte de los romeros en tránsito hacia Compostela: "Herru Santiagu, Gott Santiagu, Ultreya. Iesuseya. Desu, adjuva nos".

 

 

X

 

El Duratón es río truchero y cangrejero donde los haya (hasta que vinieron unos malignos y echaron polvos al agua que envenenaron las frezadas) famoso por sus hoces encajonadas. El cauce parece que se intercala sobre cañones profundos y entrega hundido entre los riscos de roca calcárea formando en los afustes y paradas de peña tajada escotaduras y socarrenas, hoy nido de buhardos o por donde el águila planea. Antaño estas anfractuosidades sirvieron de refugio gracias a los afustes y desniveles del terraplén a los eremitas de las cristiandades del Al Andaluz - reparen los etimólogos que Andalucía viene de vándalos, no es nombre, por tanto, árabe sino godo, porque así designaban en el norte de África a los pueblos germánicos del sur) que venían huyendo de las sacas y persecuciones del califato. Para practicar su fe tuvieron que subir a estas breñas, un reclinatorio de oración donde el cielo parece quedar a menor distancia.

 

Hay tres núcleos dentro del monacato mozárabe. El primero se aposentó en esta franja de la umbría de Somosierra en una línea de enclaves anacoréticos que llegaba desde Sepúlveda hasta Berlanga. Otro grupo era el del Valle de Silencio tierras arriba del Bierzo y cuya cabeza de partido era Samos, donde se formaron Bermudo el Diácono y Alfonso II el Casto, Sila, Mauregato. Siguiendo la tradición carolingia, estos centros servían de acomodo al magisterio y a la enseñanza. De allá imparte la cultura de los Beatos. Alcuino de York, maestro itinerante, da señas de ellos y hasta es posible que impartiera clases en Samos el cual había abierto sus puertas en el siglo séptimo. Encontraba su vértice en Mellid, el punto de encuentro de los ejércitos asturianos y gallegos cuando iban a pelear contra el moro.

 

Pero existía un tercer eje y era una cadena que iba desde Astorga siguiendo la calzada de Marco Aurelio hasta Pravia, Oviedo, Villaviciosa, dejando a sus espaldas los nueve centros que desde Arbas del Puerto hasta Mieres del Camino orlaban el paso del romeraje jacobeo durante toda la edad media con escala en Santa Cristina de Lena.

 

Cistercienses y Templarios se nota que aprovecharon su infraestructura, verdadero anillo de oración, que aseguraba y protegía el camino jacobeo, para dar un carácter más castrense y guerrero a estas apartadas colmenas de oración que agrupaban a hombres y a mujeres sin distinción de género y donde el celibato por más que estaba recomendado no entraba dentro de los planes de la regla donde las preeminencias quedaban determinadas por el afán de estudio, la transmisión de la cultura grecolatina y la lectura incesante de los evangeliarios, sobre todo el libro más popular del nuevo testamento de entonces, el Apocalipsis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 CARLOS II EL HECHIZADO Y LOS DEMONIOS

DE LA IMPOTENCIA

 

 

- 1698: La Inquisición abre causa de procesamiento ante la denuncia de un exorcista asturiano que dijo que una brujas hubieran aojado al monarca con el mal de ligadura.

 

por Antonio Parra Galindo

En 1698 - el número y la cifra resulta fatídico en los anales hispanos - la corte española era un triste semillero de intrigas. Una vez más, el problema venía dado por la esterilidad regia. Ninguno de los dos matrimonios (con María de Orleans fallecida en 1680 y con Ana de Neoburgo) de Carlos II había deparado prole. La dinastía languidecía moribunda igual que el propio rey. La verdad es que no hay más que echar un vistazo a los cuadros de Valdés Leal o de Carreño, en los que se retrata de cuerpo entero al último vástago de los Austria para darse cuenta de que los milagros de la naturaleza no caen de un guindo. Tampoco se puede pedir peras al olmo.

Clorótico, prognato, algo zambo, Su Majestad padecía de podagras, una afección senil, ya a los treinta años  desproporcionado de brazos, algo ancho de caderas, y un semblante lánguido, inexpresivo, los labios carnosos y sensuales, casi el único signo de vida en aquel físico que en los retratos aparece más allá que acá, y como sintiendo ya la llamada de la tierra.

 Era un fin de raza. Puede que ni siquiera, eso.

Sobre la persona, vida y milagros, un tanto triste y llena de claudicaciones y naufragios, del pobre rey no han parado de llover burlas sanguinarias. Pero ¿ qué culpa tendría él de haber sido parido de esta guisa?

Hubo de pasar la mayor parte de su existencia entre algodones. Se vio sujeto a la arbitrariedad de una madre ambiciosa, perversa y degenerada, porque no otro calificativo cabe dar a aquella españolaza culona y resabiada, mujer caprichosa, lerda y mal intencionada, algo Mesalina, como era la reina madre, Mariana de Austria.

Aquella hembra desnaturalizada siempre pareció aborrecer al propio hijo que había nacido de sus entrañas. También se dan frecuencia madres malas.

¿Quién podrá achacarle el haber sido el resultado de la degeneración de una familia por mor de la endogamia y de otras enfermedades hereditarias como la sífilis, la gota, o la pelagra?

Aún no habían sido inventados ni el “ salversán” ni el “ viagra”, que son dos específicos para mitigar las venéreas, por exceso o por defecto. Por los mentideros de la VILLA y CORTE corría la voz de que lo de Don Carlos era imputable a un maleficio en salva sea la parte. Nada, que unas brujas le habían echado las habas.

Por colmo de males, padecía alferecía (epilepsia), una afección que hasta el s. XX se creía relacionada con la posesión diabólica.

Este padecimiento le volvía un ser abúlico, retraído e irresoluto. De su tatarabuelo Felipe II había heredado no sólo el parecido físico sino también una innata propensión hacia la melancolía.

En tenidas y aquelarres uno de los sortilegios o conjuros más frecuentes era el denominado de la ligadura. Si se quería hacer daño a un individuo se pedía la intercesión de Satanás para que lo dejase impotente. Íncubos y súcubos - una de las características de la posesión y de la obsesión maligna es la lujuria - se encargaban de lo demás. Las mujeres se volvían machorras o viragos.

El miembro viril no entraría en erección nunca jamás. La orgía, la zoofilia, la pedofilia o el pecar nefando (inversión genésica), así como el crimen ritual son parte constitutiva de la misa negra o aquelarre. Recuérdese que aquelarre es una palabra vasca (el prado del macho cabrío) y que durante la Edad Media y hasta bien entrado el s. XVIII su practica era harto frecuente. Caben todas esas contradicciones. La lascivia (bien lo sabe Belcebú) siembra la discordia entre las gentes. Remata en el crimen y en el adulterio.

La merma o discapacitación para la actividad reproductiva se consideraba entonces de origen diabólico.

Se da la paradoja de que el catolicismo, sobre todo en España, no acabó nunca de desprenderse de esa lacra que es la superstición. Convive al lado del misticismo y del iluminismo. Al fin y al cabo, el iluminado, según observa Marañón, no es más que un místico de baja estofa.

Las malas lenguas propalaban por Madrid que el rey había sido víctima de un hechizo incoado por el amante de su madre, el valido Fernando Valenzuela, quien gozaba de la privanza a través del P. Nithard y de los jesuitas, los cuales hacían y deshacían en palacio a su antojo.

Cuando aumentan los chistes y burlas sobre un eventual aojamiento de Carlos II, toma cartas la Inquisición en el asunto. Corría el año fatídico de 1698. A tan sólo un siglo vista de la muerte del segundo gran Austria, España se desmembraba.

El propio interesado de suyo era algo inclinado a los agüeros. Llevaba pendiente al cuello una bolsita, que decía eran las reliquias de varios santos tutelares, pero, cuando estaba de cuerpo presente, se comprobó que el rey portaba en la misteriosa faltriquera material de santería: Pezuñas de gorrino, cáscaras de huevo, trenzas de pelo, ajos, polvo de tabaco.

Los inquisidores se emplearon a fondo pero con discreción, dada la alcurnia del personaje encartado, que era todavía dueño de medio mundo. El sol del imperio estaba llegando a su punto de declinación entre fulgores rojizos, pero lucía aún, quedaban todavía un par de siglos para su ocultamiento definitivo. Francia, Inglaterra y las otras potencias, venteando cadaverina, aleteaban alrededor del lecho del moribundo como cuervos, todas intentando lograr el más suculento bocado en el reparto del imperio español.

Se dijo que sobre los Austrias pesaba una especie de maldición. Carlos V fue un estratega y un gran rey. Su hijo, Felipe II sólo un buen rey y un mal político. Los sucesores, el tercero y el cuarto de los Felipes , ni reyes ni políticos: cazadores meapilas y grandes folladores. El último de la saga, Carlos II, ni siquiera fue hombre.

Al fallecer éste la noche de Ánimas de 1700, heredan la corona de España los Borbones. Se ponía de esta forma colofón a dos siglos que, a juicio de Taine, fueron los más sorprendentes y dinámicos de la historia humana. Al sol español, ya de vencida, aún le quedaban otros dos hasta su eclipse definitivo, que llega con el desastre de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898.

Fray Froilán Díaz, confesor de Su Majestad, recomienda que para atajar el problema de la sucesión se efectúen los exorcismos de rúbrica según el ritual romano, mientras el Santo Oficio prosigue con sus pesquisas y averiguaciones sub iudice y con sigilo, pero todo acabó por saberse; y era un secreto a voces en aquel pueblón manchego que era el Madrid de aquel entonces que al rey las brujas le habían roído los calcaños... Tal vez, algo peor.

En las deposiciones forenses y pruebas testificales empiezan a salir saludadoras y videntes, que dicen ver a la Virgen y percibir mensajes celestiales, sibilas y gente de ese jaez. La mayor parte eran monjas histéricas aquejadas de ese mal de los claustros,  histéricas perdidas, que se da en nuestro país en las cárceles, internados y seminarios, donde la sublimación de la sexualidad produce excelsitudes místicas o derrota hacia aberraciones mucho más serias como la sodomía o el lesbianismo.

Es un poco el signo de la monarquía austriaca. Constantemente están apareciendo personajes que arguyen detentar poderes sobrenaturales. Estos reyes se fiaron en temas de salud o cuando tenían delante de la mesa un grave asunto de Estado llamaban a estas pitonisas e impostores iluminados sin fiarse de sus consejeros naturales. Quede dicho sin perjuicio de parte y dando por sentado que, al lado de estos rufianes y gamberros de beatería, se daba el verdadero santo, el auténtico hombre de Dios, capaz de hacer milagros porque la fe mueve montañas.

Ello no embargante, los Austrias fueron víctimas de su propia credulidad, y a algunos miembros de esta dinastía, como a Felipe IV, les picó el morbo de los conventos. Fue galán de monjas. Pese a su lascivia fueron los Austrias mejores reyes que los borbones. Ellos hicieron grande a España mientras la dinastía francesa la destruyó.

Al de San Plácido, que está situado entre la calle del Pez y la de San Roque acudía el conde duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán y su mujer, doña Beatriz de la Cerda, preocupados por no haber descendencia en ciertas solemnidades y fiestas de guardar. Mientras las monjas cantaban vísperas, el matrimonio hacia el amor en un reclinatorio de la iglesia sin sonrojo ninguno y sin importar que hubiese testigos de vista de su cópula carnal a los pies del altar mayor. Pese a tan aparatosa coyunda, Dios, que parece mantenerse distante de estos líos y atropellos de la obstetricia, entre hombres y mujeres, y que acaso no comprenda del todo bien, por ser espíritu puro y por carecer de cuerpo - de buena se libra - no hizo demasiado caso de aquellas letanías. La mujer del Conde Duque, que era en la España del primer tercio del s. XVII la voluntad de poder y la pasión de mandar (v. el estudio que de su personalidad de caudillo y dictador hace Marañón en la obra del mismo nombre) no concibió o malparía, pese a lo aparatoso de los remedios.

Pronto el monasterio de monjas benedictinas de san Plácido se hizo tristemente famoso. Al parecer, el rey Felipe IV quiso dar al sagrado centro fuero de picadero sexual y mancebía. Teníale echado el ojo a una monja muy guapa.

Sus intentos de rapto quedaron desbaratados gracias a la astucia de la priora que, poco antes de la cita, simuló que la religiosa, depositaria de los regios afectos, estaba recién fallecida de cuerpo presente en su celda y ya se le cantaban los oficios de difuntos. Cuando llegó el ilustre Romeo al arrimo, al ver aquello huyó cual alma en pena.

Más suerte tuvo - y éste sí que fue un escandalo de los gordos - otro capellán del monasterio de marras en sus componendas para el trato torpe y gozar de la fruta del árbol prohibido. Los hechos sucedieron hacia el año mil seiscientos veintiocho.

Fray Francisco García Calderón acababa de ser nombrado confesor y excusador de oficio en el centro. Monje poco ejemplar, o tal vez porque se las diera de “ moderno” y de alumbrado, en aplicación de la máxima agustiniana sobre la caridad hasta las últimas consecuencias, acabó predicando el amor libre entre sus pupilas.

Otro clérigo envidioso, un tal J. De León, que había opositado a la prebenda, luego que tuvo noticias de los escándalos, denunció a su compañero ante el Tribunal de la Inquisición.

 De treinta monjas habían quedado encinta veintisiete. Los jueces actuaron de lenidad con aquellas pobres mujeres ignorantes, que fueron dispersadas por diferentes monasterios de la zona. La abadesa estuvo encerrada cinco años en la cárcel de la Inquisición de Toledo. Con respecto al P. García Calderón, declarado reo de sacrilegio, se le condenó a la hoguera, pero la pena de muerte le fue conmutada por la de galeras.

De casos como el que se cita (historias de brujería y de alumbrados en las que se compagina el sexo, la religión o la magia negra) estuvo plagada la historia española de aquellos siglos. Al capellán de las monjas de San Plácido nunca le hicieron falta reconstituyentes ni pócimas.  Todavía no se había inventado la viagra para sacar para alante a todo un convento de claras.

Más bien todo lo contrario. Pero estas cosas a veces ocurren. Lo que a uno se les da en abundancia a otros se les restringe.

Leer ahora al cabo de los siglos los autos de aquel proceso puede resultar chusco, porque la prosa curial no deja de través lo que tenía el asunto de broma:

“ Jamás en el mundo se habrá visto maravilla semejante, como la de que, de treinta monjas, en veintisiete se hayan manifestado los demonios, no como obsesas, sino de tan maravilloso modo”, - redacta el calificador de oficio.

En 1698 la Inquisición había perdido su fuerza, pero el tema tan traído y llevado del enajenamiento regio en parte tan insólita trajo cola durante bastante tiempo.

En la prueba testifical compareció un jesuita de Oviedo, el P. Argüelles, quien contó a los jueces cómo había sabido a través de unas monjas a las que este religioso exorcizó en Tineo, las cuales los diablos que ellas tenían en su cuerpo salieron de estampida y fueron a parar al del rey.

El desaguisado aconteció siendo éste de edad de catorce años. Su madre, doña Mariana a medias con su amigo en la mañana del tres de abril de 1675 hicieron el maleficio, derramando unos polvos aderezados con huesos de ajusticiado y parte de sus criadillas en la taza de chocolate que se sirvió al monarca para el desayuno. Y en ese preciso instante fue cuando los trasgos fatídicos llegaron por los aires desde Asturias hasta el Alcázar y se apoderaron de la voluntad irresoluta del personaje y dejándolo inútil para toda mujer. Aquellas agustinas de Cangas de Tineo habían debido de ser muy malas puesto que los diablos que mandaron para Madrid llegaron pisando firme.

La peripecia suene algo fantástica, pero es lo que se lee en este otro proceso inquisitorial, uno de los últimos celebrados en Castilla.

Daría ocasión a cantares y sería motivo de rechiflas. Aunque se le administraron los antídotos contra la ligadura (rábanos cocidos en cuerno de rinoceronte macerado y friegas de valeriana en la zona afectada), Don Carlos, que tenía un pie ya en la sepultura, no pudo recuperar lo que la naturaleza nunca le otorgó.

Estos remedios caseros o bebedizos estaban a la orden del día. A Fernando el Católico, casado en segundas nupcias con Germana de Foix, y aquejado de melancolías, para espabilar su desgana erótica, prostatitis seguramente, le fue administrado aquel “ potaje frío “ de Carrioncillo.

Aquellas hierbas minaron su salud y prácticamente acabaron con él en pocos días. La triaca contra la impotencia Felipe II, que entendía bastante de farmacopea, nunca la quiso probar a sabiendas de que en la mayor parte de las cortes de Europa era el pretexto para envenenar. Era una tradición que habían implantado los Medici. En el palacio de San Juan de Letrán los papas Borgia la utilizaron con harta frecuencia.

No hay sospechas de envenenamiento en la muerte del último de la dinastía austriaca, el cual entregó su alma a Dios en la noche de Animas de 1700.

La Inquisición, muerto el interesado, archivó la causa y todos trataron de enterrar con Carlos II el Hechizado las habladurías sobre una conjura diabólica.

Sin embargo, como indica el propio sobrehúsa con el cual este triste monarca ha pasado a la historia, Hechizado”, adquirieron carácter legendario. Fue famosa por lo temible su afrentosa ligadura.

Una vidente que vivía en la calle de la Silva lo predijo: el trono de España se echaría a perder por la malquerencia de la propia reina madre, que había aborrecido a su hijo al poco de nacer, y que había concertado tercerías con brujas y nigromantes para hacerle daño. Simplemente, lamentable, pero más que lamentable, abominable.

 

 

Antonio parra Galindo 30 de agosto de 1998

 

 

 

 

 

 

 

martes, 16 de noviembre de 2021

 

MI ENTREVISTA CON RASPUTIN SE ME APARECIÓ UNA NOCHE SU ESPECTRO CUANDO CANTABA EL AKATHISTOS

 El regreso de Rasputin

 

La noche del 11 de febrero de madrugada estaba yo leyendo un pasaje del Evangelio mientras escuchaba el canto del salterio que emiten por Internet los monjes de un lejano monasterio en Vologdá a través de la Red.

Suelo aprovechar la vigilia para escribir y leer cuando todo está en calma. El nocturno es un invitatorio a la reflexión.

De pronto percibo un ruido extraño como de campanas tocando a clamor. Mi celda se ilumina de una luz fogosa. Alzo los ojos del teclado de mi ordenador y veo detrás de mí asomándose por el montante que da al jardín de atrás a un hombre de rostro alargado unos ojos poderosísimos. Daba miedo mirarlos pues más que ojos parecían hierros candentes. Era como de mediana estatura los brazos muy largos y una mano carnosa como de campesino cabellera en desoden barbas apostólicas  partidas por una raya en medio. Vestía la clásica sotana de los popes rusos ( r i a s a) de mangas anchas. En su pecho lucía la  (p a n a g i a) o pectoral labrado en oro con una cruz inversa.

Sentí pavor porque el icono de  san Nicolás de Radonezh que protege mi aposento de pronto se apagó. La mirada intensa como si tratara de escudriñar el alma del que mira me hizo temblar. Era Gregorio Efimovich que regresaba del infierno entre carcajadas y estruendo de cadenas que venía a darme un mensaje. Se inició entonces un dialogo entre los dos.

YO: ¿Qué quieres de mí Padre Gregorio?

RASPUTIN: Que no escribas mal de mí. A todos aquellos que hablan mal de mí les ocurre una desgracia.

 

YO: Precisamente, estaba leyendo las memorias del príncipe, el que acabó con la vida del pope, Yusupov el miembro de la familia imperial que te envenenó mediando cianuro en tu copa. El veneno no te hizo efecto y hubo de llamar al gran duque y a un agente del servicio secreto inglés. Ellos te acribillaron a balazos sin poder acabar contigo. Arrojaron tu cadáver al Neva.

El atestado de la policía dice que la muerte te vino por ahogamiento y no por las heridas de los disparos. Todo muy extraño, casi increíble

RASPUTIN: Soy un siberiano fuerte. Mi padre era cuatrero. Domé caballos antes de entrar en el convento.

Se santiguó con la mano izquierda y me lanzó una mirada horrorosa. Yo vi al demonio en aquellos ojos. Eran los ojos que hipnotizaban a las coquetas de Petrogrado y a las mujeres de la alta sociedad.

 Mi sotabanco, humilde aposento, empezó a oler a azufre. Es el signo de la llegada del Malo.

 Sonaban sarcásticas risotadas de los demonios por el pasillo que da al almacén de la librería. Acto seguido Grigory se santiguó al revés. Hizo un garabato y continuó su plática

RASPUTIN: Yusupov el oficial de la guardia era marica y cornudo. Yo fui a su palacio porque quería presentarme a su mujer que era sobrina de la emperatriz. Caí en la trampa. Me tendieron una emboscada. El servicio secreto inglés espiaba mis reacciones al vino y al cianuro en el cuarto de atrás. Si el oficial de la guardia estaba enamorado de mí. Había oído hablar de mi descomunal verga de casi treinta centímetros. Quiso probarla como la probaron las encopetadas  damas de la corte imperial. Sucumbían a mis pidieres mágicos. Es la fuerza de la naturaleza. Eros y Baco dominan la tierra.

YO: Eres un fauno. Por lo que veo en Internet quieren canonizarte algunas mujeres y ponen la aureola de confesor en tu cabeza. Esto me parece un sacrilegio.

RASPUTIN: No desbarres, diacono. Aun quedan muchas discípulas mías. Son reliquias de mi secta de los "x i l i a c h i " (saltarines) bailábamos en torno a una hoguera y luego copulábamos con las monjas. Estas danzas supusieron para mí estas heridas que llevo en la cabeza porque la compañera Gusseva la que   mi compañera en Prokoskovie la aldea siberiana donde nací quiso asesinarme por haberla abandonado y liarme con una monja llamada Heliodora (me mostró la cicatriz aun luminosa a través de la luz del alba que iluminaba la celda)

YO: tú eras un yurodivi, un peregrino ruso, un aventurero del mal cínico e hipócrita que te hacías pasar por santo y era un sátiro.

RASPUTIN: tengo poderes mágicos. Puedo demostrarlo. mira mis manos (me mostró sus enormes manazas de muyik) estas manos curaron al zarevich y acariciaron los senos alemanes de la emperatriz Alexandra Fiodorovna o Alice von Hessen

YO: Vade retro. Calumniador y blasfemo.

Al decir esto apreté el rosario que siempre llevo conmigo junto a mi pecho. Una estruendosa carcajada se esparció por el jardín central despertando  vecinos que se disponían para comenzar su jornada laboral. Escuché el ruido de las persianas que se alzaban. Esta blasfemia era la mayor barbaridad que había escuchado en mucho tiempo. El zar Nicolás II era el mejor padre de familia el hombre más casto y mejor de la dinastía Romanov y aquel espectro diabólico se reía de los  ríos de sangre de su profanación angustiosa que costaría ─ya lo profetizó Fedor Dostoyevski─ con los estertores de la revolución y las dos guerras mundiales que supondrían a la patria millones de cadáveres.

RASPUTIN: El zar era casto, bueno, un gran tipo pero un ser sin voluntad. Estaba dominado por su mujer, diácono.

YO: ¿Por qué me llamas diácono?

RAPUTIN: sé que lo eres.

YO: Soy un diácono de la literatura. quizás esté luchando contra molinos de viento pero en proseguir mi demanda soy feliz.

RASPUTÍN: Andarse con cuidado. Mis adoratrices te tienen fichado.

YO: ¿Es una amenaza? No me importa ser mártir. De algo hay que morir. Dime cómo llegaste a la corte tú que eras un fraile giróvago que recorrías las aldeas engañando a los campesinos y acostándote con sus mujeres.

RASPUTIN Con la carta de recomendación de un obispo al que curé de un cáncer. Fui el mandamás en Tsarkoe Selo. Yo nombraba y destituía ministros.

YO: ¿Quién estaba detrás?

RASPUTIN: el káiser y su tropa de judíos alemanes. Dineros judaicos suizos financiaron la revolución. Y por supuesto las mujeres que traen hijos al mundo pero con su debilidad paren catástrofes. Ellas son el arma con que Rusia de nuevo será derribada, mira todas las putas que se asoman a las paginas de Internet y enseñan sus muslos, sus tetas y sus coños. La mayor parte son jóvenes rusas. viejas las hay también. Le sirven de arma arrojadiza al sionismo. trajeron el odio y la disgregación.

Por primera vez el monje giróvago creo que estaba diciendo la verdad. Yo alcé el crucifijo adjunto a la pantalla de mi ordenador lo alcé miré a los ojos terribles de Grigory hizo una mueca tan espantosa que soy incapaz de describirla y desapareció entre ruido de cadenas.

Seguía oliendo a azufre en mi habitación. Conque dije "no izwavi nas ot lykavago = sed libéranos a malo". Señor, libradnos del mal y no nos dejes caer en tentación. El diablo es poderoso como nunca. Siembra alianzas y compinches por doquier pero nunca podrá contra la fuerza del Señor Jesucristo nuestro Dios.

    LA VIRGEN ESCUCHÓ MIS SUPLICAS. STELLA LA ESTRELLA PORNO RUSA DE INTERNET CIERRA EL SALÓN   Era una de las mujeres más bellas que he con...