jueves, 19 de diciembre de 2024

 

ARVAS DEL PÙERTO Y BUSDONGO EL PUEBLO DE ORIGEN DEL GRAN FILOLOGO

 MENENDEZ PIDAL

 

Mi vocación primordial era la de medievalista pero los hados me llevaron por otros caminos hasta derivar en periodista. Fui novelista serendo de vocación tardía y pegado a la pared de mi escritorio tengo un retrato de don Ramón Menéndez Pidal sentado en lo alto de una roca de las montañas asturianas, creo que era Arvás de donde radicó su familia aunque él nació en Coruña. Cuando camino del puerto Pajares me detengo al pasar, canto una salve en la colegiata de Arvás reconstruida por su hermano menor. Era un monasterio cisterciense. Arva plural de arvum o Arvás designaban los romanos a lugares de pación entre montañas. En la foto don Ramón mira pensativo hacia los valles y quizá esté pensando en que aquí sonó la primera gaita del romancero, la literatura coral, de los juglares que promulgaban las gestas de los caballeros, toda esa épica en que se fraguó nuestra nación en cuaderna vía los versos asonantes. Verdaderas obras de arte compuestas por poetas que no firmaron con su nombre pues eran cantares del pueblo. Esta anonimia, el realismo feroz, la sobriedad, el espíritu moralizante del Cantar del Mío Cid creo que forman parte del espíritu nacional. O mejor dicho formaban puesto que la España del Conde Olinos o de Altamara que canta Joaquín Díaz inspirándose en la obra de Menendez Pidal nada tiene que ver con esta España ramplona. Se ha instalado la cleptocracia. Esto es un sinvivir de políticos que roban, reyes putañeros, periodistas mendaces, y literatos que no valen un real. Los Koldo, los Avalos, los Sánchez, los Feijoo, Abascal y demás cuadrilla. Es una España que se encuentra a años luz tal vez desintegrándose de aquella que estudió profusamente el gran erudito a quien yo oí hablar poco antes de morir, ya centenario

domingo, 15 de diciembre de 2024

 

LA ESCRITURA ES UNA MASTURBACIÓN MENTAL EYACULAS RECUERDOS

 ABUELO BENJAMÍN

El abuelo Benjamín era otra cosa. Casi fue el que me crió en la aldea de Fuentesoto pueblo también románico con una vega triunfal camino de los monasterios de Cardava a la cual se asomaban los somos, cañadas y eriazos. Por lo menos no me tiraba piedras cuando pisaba sus viñas que el otro estuvo a punto de deslomarme de un cantazo. Aquellas vivencias hicieron de mí un escritor, acaso un escritor iconoclasta y a redropelo del sentir general. Mala cosa llevar la contraria pero yo siempre me mantuve en mis trece seminarista fracasado pasado por el filtro de la literatura pero mi alma se moldeó en aquel seminario cuyas vivencias rememoro cuando estoy aquí postrado en la cama del hospital recién operado de la próstata. Las ideas se agolpan, quieren salir a toda prisa, pues siempre pensé y escribí a gran velocidad y me aturullo me atasco y pierdo el anhélito, vuelve el ritmo pero mi vida es un eterno combate con las ideas y los formularios volcados en palabras, angustia vital, desazón, vértigos, el vértigo del escritor que sólo se cura pufando pipadas de humo o camino de la despensa, somos propensos a criar carnes, la furia del español sentado en su sillón que se desgañita contra la injusticia contra esto y lo otro. Extraño mi cachimba que ha sido compañera de mis largas vigilias, mi ametralladora, mi “novia” y mi tormento, que a veces no me deja ni respirar. Saltan las imágenes de un lado a otro, se enredan las palabras. Viene Maite la dulce enfermera. ¿Cómo estás, cariño? Quisiera fumarme una pipa, no se puede, corazón. Dentro de un rato vendremos a hacerte una extracción, más tarde la compañera te tomará la tensión. La urraca del patio central faltaba poco para acabar de construir su nido. Las noches se hacían largas e insomnes. A la madrugada el diligente córvido seguía su labor. Pronto te darán de alta. Esto no ha sido nada. ¿Nada? Un cáncer, hoy el cáncer si se coge a tiempo es curable. Más duro lo tenías si fuese de pulmón. Era lo que temía yo, pero el tak que me hicieron revelaron que estaban limpios. Soy un fumador empedernido. El vicio lo cogí a los catorce años con un mataquintos que sabía horrible. Me vio mi padre que venía del cuartel y apagó la targanina de un sopapo. Zas.

Ando en desacuerdo con Andrés Laguna autor desconocido y al que yo he descubierto como autor críptico del “Lazarillo de Tormes” gloria inmortal de la novela picaresca y que he sacado de pila librándole del anonimato de siglos, que dijo:

 ─Se escribe por la honra pues la fama es la orla de la artes.

No, señor, hoy se escribe para echar los demonios fuera, lanzar pestes contra los nazis y los judíos que pueden ser consistentes en el mismo perjuicio los extremos se tocan la serpiente cambia de piel. Eso de ser escritor famoso debió de ser antaño, hogaño el vulgo vierte suspicacias sobre nosotros. Nos mira mal. Somos delincuentes y nos desprecia o nos compadece como enfermos bipolares, o adictos a un vicio tan inconfesable como el onanismo. Escribir consiste en masturbarse con palabras y eyacular proposiciones y asuntos que no son de recibo. La gente lo que quiere es que la dejen en paz, que no la vengan con historias. Tú no te pases, mira lo que te digo. El escaparatista de Arévalo un martes de mercado me largó está pregunta a bocajarro:

─¿Sigues escribiendo?

─Sí

─¿Y te la meneas?

─¿Por qué no?, de vez en cuando

El librero Gomis un tipo un malauva el cual me ha maltratado, timado y puesto en berlina todo lo que ha querido me recibió con una frase que es todo un dardo al bandullo de un poeta.

-Tus libros no se venden, deben de ser muy malos.

-Si no los pones en el escaparate y los tienes ocultos en la sacristía ¿cómo se van a vender, cacho cabrón?

Le hubiera dado al librero de lance un garrotazo en los hocicos pero no estaba de nones sino de pares. Por lo demás buenas tragaderas he. En una bella mañana de octubre no merecía la pena meterse en reyertas con un hijoputa. Escribir es llorar larra dixit hay que estar dispuesto a ser crucificado y coronado de espina cuando no de gargajos como le ocurrió a Lázaro de Tormes en la novatada de Alcalá. La desconsideración la mala educación y el morbo visigótico o envidia es ek estigma de esta nación. Tengo que confesar a mis detractores para que se calmen y no se pongan nerviosos que yo solo emborrono papel para dejar de fumar o el que se divierte con papiroplaxias, o pintando monigotes. Así nos las van a dar todas en un carrillo.

El abuelo benjamín era otra cosa. Sólo me pegó una vez con el cinto. Habíamos ido a melones y nos pilló el guarda Melares, quien a la noche se presentó en casa y dijo tu chico fue cogido in fraganti haciendo destrozos en la finca de la tía Piquilaya. Son cinco pesetas de multa. Ah si, bajate los pantalones, chiquito. Diez vergajos con la correa ni uno más ni uno menos. Desde entonces no se me ocurrió ir a melones, ni a peras, ni a sandías. Fueron los chicos del pueblo que me malmetieron y yo inocente de mí caí en la lazada.

 

Era tan inocente que me creía todas sus infamias. El Pedrete el del tio herrero, el Elpidio, el Agustín mi primo hijo del sacristán y su hermano el Maudillo, el Micha hijo del sastre que era tan pequeño que no podía con las albarquillas, el Julián el de la tía Pilar y el tío Pedro Sancha pero el más cruel de todos era Pedrete. Fue el que me encomendó la tarea de asaltar el melonar de Piquilaya.

─Entra ahí en eso, segoviano, y arramplas con un par de melones.

─Tengo miedo, mi abuelo me dice que hay que respetar lo ajeno.

─Tú ¿miedo? Eres hijo del sargento Parra.

─Yo no tengo miedo a nada

Y salté la cerca. Fue entonces cuando vi venir al Melares pegando voces y juramentos apuntándome con su tercerola. Del canguis que me entró se me cayeron los melones del regazo que no estaban maduros, eran badeas. Los otros habían puesto pies en polvorosa, me dejaron solo como siempre. Por las orejas y yo llorando como una magdalena aquel esbirro me condujo al cuartelillo, vino el juez de paz el tío Bernardo. ¿Qué ha hecho el chico? Robar melones. Vaya una educación. Que se avise al tio Benjamín Galindo. Mi abuelo el pobre estaba avergonzado y corrido de mi “hazaña”. El juez de paz era su amigo. Eran quintos, él, el tio Dominguín y mi abuelo. Nacieron en 1885. Se ufanaban de ser quintos del rey Alfonso XIII.  sentabanse en un banco de honor en el presbiterio durante las ceremonias religiosas. La noche que recibí la somanta de palos con la correa del abuelo era una noche de luna lo recuerdo bien. Al otro día tomamos el coche de línea y para Segovia.

─No podemos contigo. Así que te mando a tu padre a que te dome.

Cuando regresamos a Valdevilla la colonia militar donde vivimos mi madre me recibió con la zapatilla. Asi te comportas, dijo y me puso el culo como un tomate. Yo no tuve la culpa fueron el Pedrete y el Agustín los que me mandaron asaltar la cerca de la tía Caya. ¿Robar? Vaya un hijo. Traté de escapar y anduve perdido por los peñascales de Valdevilla recorriendo los andurriales del río Clamores llorando mis desdichas, esta vez temiendo la correa de papá. Venida la noche, llamé a la puerta de la casa que era verde y de madera de pino con mucho tiento y sigilo. Me estaban buscando. Mandó mi padre al machacante por ver si me encontraba. Pero en vez de la correa fui recibido con besos y abrazos. El sargento Parra saltaba de alegría. Hijo, hijo.

¿Por donde te has metido, donde anduviste? Tu madre y yo creíamos que te había ocurrido algo. Me senté a la mesa. Huevos con patatas fritas. El abuelo había traído un clarete que pasaba bien al cabo de tantos sinsabores por culpa mía.

─Bebe, Silvino.

─Gracias, señor suegro, de hoy en un año.

Y tentó la bota embelesado con un largo trago. Por la provincia de Segovia los casados llaman al padre de su mujer “mi señor”. El chico es un poco mostagán pero hay que meterlo en vereda. Hay que llevarle al seminario. El dictamen del abuelo se cumplió al cumplir yo once años. Había habido muchos curas en la familia. Estaba don Linos pariente suyo que ejercía el arciprestazgo de Calabazas, el P. Galo que se fue de misionero al África y nunca se volvió a saber más de él o don Priscilo cuñado suyo nombrado por oposición canónigo magistral de la catedral de Burgo de Osma. Tanto los Parra como los Galindo tenían fama de beatos y no existen dudas de que esta veta tan clerical y bíblica les venía de su ascendencia.

Aquel rincón extremo de la provincia segoviana había sido repoblada por moros y judíos y se produjo el milagro de que Alá, Moisés conviviesen en plena armonía practicando usos y costumbres ancestrales, ritos, intercambiables, diciendo ojalá cuando les acuciaba un deseo de que algo ocurriese, o pronunciando el nombre de Jesús al estornudar al besar el pan cuando la hogaza se caía de la mesa

 

domingo, 8 de diciembre de 2024

 UN PAIS DE CAMAREROS Y DE TURISTAS DE ALUBIÓN

 

Cuatro € por una cocacola tres por un café sentado en la terraza al pie de la estatua de comunero, no se podía dar un paso.

El puente de la Inmaculada un pretexto para el turismo en manada y en mi pueblo no se podía dar un paso. Fui a Segovia a dar las gracias a la Virgen  del Perpetuo Socorro por mis ochenta años y a ofrecer a mis nietas. Que las cuide.

La del perpetuo Socorro seguía allí en su camarín del postigo de san Andrés mirando para la Hontanilla sobre su cara de cera soplaban las brisas del Eresma y a mí me parecía que nos sonreía a los cuatro. A Almudena Sofia Carla y a mí. 

Detrás se veían las escalerillas de San Roque, el Corral de los Huesos, antiguo camposanto hebreo, el matadero, la Casa del Jurri y la Gota de Leche. Esto era la judería vieja.

Algo se nos debió de pegar de aquellos ancestros tanta biblia, tanto rezo, sartas de salmos, las dudas y las creencias, pero por un café casi seiscientas de las antiguas pesetas qué judíos se han vuelto los de mi tierra. 

Claro que es de lo que viven y por eso te clavan los muy abusones.

Nos estamos convirtiendo en un país de camareros para nuestra desgracia.

Nada producimos, lo importamos todo. Y para colmo estamos levantando gente puertas abiertas. Medio Marruecos está aquí. 

Al cruzar un paso de cebra de Fernández Ladreda un coche en el que iban unos negros recién desembarcados de la patera toda la pinta de haber robado el vehículo faltó un tris que no me arrollan, son cosas de la globalidad.

¿Qué mano infernal mece esa cuna?

Estamos metiendo al ladrón jifero en casa, no se cansen los bocazas de proferir loas a los derechos humanos.

La caridad bien entendida empieza por uno mismo y veremos lo que la desepañolización da de sí… dice el refrán metí un ratón en mi cillero e hizose amo del granero.

Los de Segovia lo sabemos bien que no hay peor cuña que la de la misma manera.

Los actos de la celebración del cuarto centenario de la Reina Católica han discurrido con sordina como con temor y sin demasiados alardes.

 Subiendo de la Fuencisla hacia el Camino Nuevo me detuve ante el que dicen cementerio judío que ofrece un aspecto semi abandonado. 

Pero no recé un kadish por los difuntos y este estado deplorable tiene una justificación las matanzas de Gaza, el fantoche de Zelensky un tipo sanguinario lo mismo que Netanyahu el sacamantecas no son bien quistos en esta plaza aunque murmuren alabanzas con la boca pequeña para no incurrir en el anatema de antisemitas. 

Es el propter metum judeorum de los de abajo mientras los de arriba se deshacen en elogios a esos carniceros judíos que quieren acabar con la paz del mundo. 

Bueno la cosa viene de lejos. El arcipreste de Hita empieza su maravilloso libro del Buen Amor con esto: “Señor Dios que a los judíos, pueblo de perdición, sacaste de las garras del faraón,  y a Daniel libraste de las zarpas del león, sácame a mi, cuitado, de esta mala prisión” 

Y eso que el bueno de Juan Ruiz era de la raza y conocía el paño. 

Y lo termina con otra frase un poco más alegre: “Como dijo Aristóteles es cosa verdadera por dos cosas trabaja el mundo. La primera era por haber mantenencia y la otra cosa era tener ayuntamiento con hembra placentera”. Dejémoslo ahí

jueves, 5 de diciembre de 2024

 

Sánchez Mazas, el escritor al que quisieron fusilar

13 de Diciembre del 2019 - Antonio Parra Galindo (Cuideiru)
  • Imprimir
  •   
  • Aumentar texto
  •   
  • Disminuir texto
Rafael Sánchez Mazas, "La vida nueva de Pedrito Andía"
Escribir es como rezar, y mis plegarias se adentran en mundos olvidados preteridos denostados. Ahora lo marginal sólo interesa, lo demás es propaganda venal de los padres conscriptos, dígotelo yo, Jáuregui, y a ti Onega lameculos. Los generales de antaño fueron fusilados por los chusqueros y estamos en manos de esta mafia periodística, tengo el corazón en un puño y el alma puro grito.
Pocas generaciones literarias dieron tanto juego, hasta casi el espasmo, como aquel florilegio de escritores falangistas: Mourlen Michelarena, García Serrano, Tomás Salvador, Agustín de Foxá, Tomás Borras. Rafael Sánchez Mazas pertenece al cupo de aquella primera floresta. Su primorosa novela “La vida nueva de Pedrito Andía”, que retrata el primer amor de un educando en colegio de jesuitas. La recomendaba aquel buen padre Penagos en los ejercicios de redacción del seminario de Comillas, curso 1959-60. Se me ha venido al releerla aquel mundo arriba cuando todo anda boca abajo.
Era el año 1959, un otoño mágico. Eissenhower era recibido apoteósicamente por el general Franco y la España de posguerra daba paso a los tiempos esperanzados del desarrollo económico. Rafael Sánchez Mazas, un aristócrata vasco con palacio ducal en Extremadura, fue el primer ministro de Cultura en el primer gabinete después de la Guerra Civil. Fue uno de los grandes corresponsales que firmaban crónicas en el “Arriba”. Narró el ascenso de Mussolini, le sucedería Ismael Herraiz para contar la caída del régimen fascista, Italia fuera de combate. Sus crónicas eran magistrales, al unísono con las de Eugenio Suárez, el cual, desde Budapest, refirió para todo aquel que quisiera leer en libertad la destrucción de Hungría por los tanques rusos y los B52 norteamericanos. Como contó la verdad Eugenio Suárez, hoy es un autor descatalogado, lo pusieron fuera de combate los manigeros de la información en su avidez por ubicar a la Historia patas arriba, pero los hechos de la vividura de estos periodistas de la Prensa del Movimiento están ahí. Inalterables. Los hechos son sagrados, las opiniones libres, un lema olvidado por los contumaces de las “fake news”.
A mí, en mi modestia, me cupo cerrar el ciclo y echar el cierre a las oficinas de Pyresa, primero en Londres y de seguido en Nueva York, uniendo mi nombre al de estos de eminentes escritores. Aspiraba a ser émulo de todos estos, hoy, ay, fenecieron aquellas plumas galanas. Fuimos los últimos de aquella insigne hornada -last of the breed- en la cúspide de una generación cifra y compendio y modelo para todo aquel que quiera ceñir su existencia al oficio de narrar. Se acabó lo que se daba.
Puede todavía que siga habiendo alguien que lea a Julio Camba o Mariano de Cavia, a D’Ors, Alfonso Barra, Félix Ortega, a Ricardo León, corresponsal en Berlín en 1914, o Eugenio Montes, considerados como pioneros en el oficio de enviado especial.
Rafael Sánchez Mazas fue célebre por otro concepto: hecho prisionero en Madrid y refugiado en una embajada extranjera, consiguió escaparse a Cataluña tras una larga peripecia, pero, aprehendido por los rojos, compareció ante el pelotón de fusilamiento del Ejército republicano. Había poca luz en el paredón de aquel convento cerca de la frontera, sonó una descarga, se hizo el muerto, evitando así ser rematado con el tiro de gracia. A boca de noche y arrastrándose entre las zarzas, consiguió alcanzar una masía cerca de Gerona. Su escapada dio lugar a la gran novela de Javier Cercas (también este fue periodista de la Prensa del Movimiento como redactor de “Los sitios”.)
En una entrevista que me concedió cuando yo era reportero, Rafael elidió referirse a este suceso. Por lo visto, uno de los cabos del Ejército rojo dio la alerta: “Aquí no hay nadie”. Estaba oscuro y todo el Ejército vencido se daba prisa por alcanzar la frontera francesa. La vida de este periodista y escritor fue senda de abrojos. En el capítulo 49 (poder profético de la literatura) parece ya intuir este lance, iba a ser condenado a muerte por fusilamiento, cuando cae por la ventana de un pajar y se lastima con los pinchos de aliagas y zarzas, “entonces suena una voz de alguien que viene hacia él con una escopeta... ¿Quién anda ahí? No dispares, tía... Soy Pedrito... Cuando te toque ir a la guerra serás valiente, Pedrito, le dice la tía... sí; no más.
Clara en la novela revela su amor apasionado por don Carlos VII era... Pero si ya no hay guerras, Pedrito... Lo dicen en la Sociedad de Naciones. … Pues habrá, Pedrito, y a ti puede que te quieran fusilar los liberales, pero saldrás adelante porque eres muy listo...”.
No me cabe duda de que existe algo premonitorio en este pasaje.
Sánchez Mazas era un tipo alto de aspecto semita acérrimo a los principios del Movimiento, fumador empedernido e inasequible al desaliento, tuve la suerte de conocerlo. Venía de la tradición carlista por derecho de familia, pero los Andía se sienten traicionados por los Borbones. Luego los falangistas también lo traicionaron y lo relegaron al olvido.
Fue de los pocos que se abstuvieron de comulgar con ruedas de molino, de los que no subieron al carro del oportunismo. Él no cambió de chaqueta. Al morir, en 1966, sentenció su abandono con esta frase: “Ni perdono ni olvido”.
Su hijo Rafael Sánchez Ferlosio, autor del “Jarama”, recogió el testigo y fue un innovador de la prosa española. Se hizo socialista.
La vida nueva de Perico Andía es un relato bien escrito lleno de candor y de ternura, con referencias a su primer amor, Isabelita, y su amistad inquebrantable con un compañero de clase, José Mari, y la admiración al padre Cornejo, traduciendo a Juvenal y aferrado al báculo del Raimundo de Miguel, aquel diccionario en el que aprendimos latín en aquellos internados de jesuitas.
Se nota el aire vascuence de su autor en frases y giros que salen de debajo de una chapela... Perico, muy cargado vas, pintor o así te has hecho.
El estilo es autobiográfico. Un texto de las entradas de un diario de un adolescente en la edad del pavo y el despertar de sus células en unas vacaciones de verano de 1953. El estilo correctísimo y algo dandy me ha hecho pensar en el Great Gatsby de Fitzgerald, son los locos años 20, pero, sobre todo, me ha recordado la voz carraspeante del padre Penagos, que llegaba al aula con su jovialidad inquebrantable con artículos de periódicos copiados a ciclostil para los temas de redacción. Este libro ha sido para mí una evocación también de mi adolescencia difícil.
Agur jauniak (adiós, señores), que decía mi amigo Aramburu cuando jugábamos a pala.

martes, 3 de diciembre de 2024

 ué bueno, hermano, qué tarde tan agradable! Todo saldrá bien, desde luego. Un abrazo


El mar., 19 mar. 2019 23:27, antonio parra galindo <bibliopolis@outlook.es> escribió:
MIRA QUÉ GUAPOS ESTAMOS LOS DOS Y HEMOS VENIDO AQUÍ A HABLAR DE MI LIBRO. UN ABRAZO HERMANO. EL PRÓXIMO DIA QUE TE VEA TE DARÉ EL QUE ME QUEDA 666 RL NOMBRE DE LA BESTIA LLOVIENDO ROSAS Y LA MUJER FUERTE PERO NO TE COBRARÉ PUES YA ES SUFICIENTE PARA CUBRIR GASTOS. GRACIAS POR TU AYUDA. TENEMOS QUE CUIDARNOS. EL PISO SE VENDERÁ NO TE PREOCUPES ME GUSTÓ LA GENTE DE LA AGENCIA


PRESENTACIÓN DE CELA EL CAFE GIJON MI HERMANO EL PERIODISTA JAVIER PARRA GALINDO HIZO LA PRESENTACIÓN Y FUE UN ÉXITO DE PUBLICO













Estamos guapos mi hermano y yo en la presentación de mi libro "Cela, yo y el Café Gijón" que ha sido un éxito de ventas. Defino a Cela, soy un gran conocedor del enigma de este gran escritor y sus relaciones con la vida literaria años 40. Este era un olimpo de la fama, registro que auscultaba la vida literaria. En la foto comparecemos Javier Parra Galindo y el que suscribe

  ERA EL´DIA DE SAN ANTÓN 17 ENERO CORRER EL GALLO EN FUENTESOTO. BENDITO SEAN LAS BARBAS DE SAN ANTÓN QUE CUBREN EL CALENDARIO LITÚRGICO   ...